En Puerto Salgar, la tierra transformó la vida de una mujer que hoy siembra futuro para su familia y su comunidad

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En Puerto Salgar, la tierra transformó la vida de una mujer que hoy siembra futuro para su familia y su comunidad


Puerto Salgar, Cundinamarca. 02 de mayo de 2026. @AgenciaTierras. 

 

A Sandra la vida la hizo crecer antes de tiempo.

Desde niña entendió lo que era la responsabilidad. Su mamá, Zenaida, una mujer sola con cuatro hijos, hacía lo posible por sacarlos adelante. Mientras trabajaba, Sandra —la mayor— se quedaba en casa cuidando a sus hermanos.

“Fui una de esas niñas que tuvo que jugar a ser mamá sin serlo”, recuerda.

Las mañanas empezaban con música. Entre canciones de Vicente Fernández, Ana Gabriel y Rómulo Caicedo, Zenaida los despertaba para ir a estudiar. En medio de las dificultades había amor, pero también una carga que Sandra, siendo apenas una niña, ya comenzaba a asumir.

A los 16 años, Sandra se convirtió por primera vez en madre. Con su hijo en brazos, dejó todo atrás y se fue a Santander en busca de un mejor futuro. Allí aprendió nuevas costumbres, a cocinar y a sostener un hogar en medio de condiciones difíciles.

A los 21 años nació su hija. La vida no era fácil. Como muchas mujeres en Colombia, sobrevivía del rebusque: vendía comidas, dulces, lo que fuera necesario para alimentar a sus hijos. Intentó estudiar, pero no pudo. Su pareja, marcada por los celos y la violencia, se lo impedía.

“Trabajaba en lo que saliera, pero también vivía episodios muy duros. Él se emborrachaba y me golpeaba”, cuenta.

Con el paso de los años, la enfermedad mental de su pareja —diagnosticada como esquizofrenia paranoide— agravó la situación. Sandra regresó a casa de su madre con sus dos hijos y un compañero enfermo, empezando de nuevo, “con una mano adelante y otra atrás”.

Tras años de lucha, logró que él fuera pensionado, pero la relación terminó definitivamente. Desde entonces, asumió sola el rol de madre y padre.

“Lo más duro fue darme cuenta de que estaba repitiendo la historia de mi mamá”, dice.

Pero esta vez, Sandra decidió cambiarla. Durante años, ella y otras familias fueron víctimas de engaños. Una supuesta asociación prometía acceso a tierra a cambio de dinero, pero nunca cumplía.

“Jugaban con nuestras necesidades y con la ilusión de tener un pedazo de tierra”, afirma.

Fue entonces cuando Sandra dio un paso al frente.

Cansada, sin trabajo y afectada en su salud, acudió a la Agencia Nacional de Tierras. Allí no solo encontró orientación: encontró un camino. Y decidió liderarlo.

“Llegué sin saber qué hacer, pero me atendieron y me explicaron el proceso. Entendí que todo debía hacerse de forma legal, organizada y transparente”, recuerda.

Con ese conocimiento, Sandra se convirtió en lideresa. Convocó a otras familias, impulsó la creación de una nueva asociación, organizó documentos y acompañó cada etapa del proceso.

En menos de seis meses, el resultado llegó: accedieron a un predio en su tierra natal, Puerto Salgar, Cundinamarca.

Hoy, Sandra no solo cultiva la tierra: lidera un proceso colectivo. Junto a otras familias —muchas de ellas mujeres cabeza de hogar— siembran plátano, yuca, ahuyama, frijol, maíz, pimentón y patilla para su sustento.

La tierra no solo les da alimento. Les devolvió la dignidad y la posibilidad de decidir sobre su futuro.

“Esta tierra es una luz de esperanza. Aquí sembramos para no volver a aguantar hambre ni pasar necesidades. No ha sido fácil, pero seguimos adelante, sin miedo”, dice Sandra.

Para su mamá, Zenaida, verla hoy es motivo de orgullo:

“A mí me tocó muy duro criar a mis hijos sola, pero verla ahora como lideresa, sacando adelante a más familias, es una bendición. Ella no se rindió y hoy está recogiendo lo que sembró con tanto esfuerzo”.

Para el coordinador de la Unidad de Gestión Territorial (UGT) Cundinamarca de la ANT, Jesús Bayro Muñoz, este tipo de procesos reflejan el impacto real de la Reforma Agraria:

“El acceso a la tierra no solo transforma la economía de las familias; también fortalece el liderazgo comunitario y el papel de las mujeres en el campo. Sandra es ejemplo de cómo, con organización y acompañamiento institucional, se construyen nuevas oportunidades para el territorio”.

Puerto Salgar, ubicado en la región del Magdalena Medio, ha sido históricamente un territorio marcado por la desigualdad en el acceso a la tierra y economías de subsistencia. Hoy, historias como la de Sandra muestran un cambio: comunidades que se organizan, mujeres que lideran y familias que vuelven a sembrar esperanza.

Sandra lo resume con claridad:

“Los buenos somos más. Y los campesinos de Colombia tenemos el corazón lleno de esperanza”.

Hoy, su historia no solo habla de acceso a la tierra, sino de dignidad, liderazgo y futuro sembrado en el territorio. Su voz, junto a la de su familia y su comunidad, refleja el propósito de la Agencia Nacional de Tierras en el Gobierno del Cambio: reconocer a quienes durante años sostuvieron el campo en medio de la adversidad y avanzar en una Reforma Agraria que transforme vidas.

A las puertas de un nuevo ciclo, quedan huellas concretas en el territorio, pero también un compromiso vivo: que la tierra siga siendo sinónimo de justicia social, oportunidades y futuro para las mujeres y hombres campesinos de Colombia.

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