En las montañas del Sumapaz donde asesinaron a ‘Yuyo’, Clara Vergara, su esposa, sigue sembrando paz y progreso

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En las montañas del Sumapaz donde asesinaron a ‘Yuyo’, Clara Vergara, su esposa, sigue sembrando paz y progreso

Sumapaz. 16 de marzo de 2026. @AgenciaTierras.

El frío de la madrugada baja desde el páramo más grande del mundo y cubre lentamente los cultivos de papa que rodean la finca de Clara Vergara, en la vereda Lagunitas de Sumapaz. A esa hora, cuando el campo apenas comienza a despertar, el sonido de las gallinas rompe el silencio y las vacas se mueven despacio en el potrero.

Clara ya está despierta.

Camina por la finca revisando los cultivos y los animales que hacen parte de la vida que ha construido durante años en estas montañas. Allí hay papa sembrada en los surcos que recorren la ladera, ganado en los potreros, corrales con cerdos y gallinas que completan el sustento de una familia que ha vivido del campo.

En esta tierra crecieron sus tres hijos: Alejandra, Dayana y Carlos, el menor, quien hoy trabaja junto a ella en las labores del campo.

“Ser campesina en Sumapaz es una felicidad”, dice Clara con la convicción de quien ha pasado gran parte de su vida entre cultivos, animales y largas jornadas de trabajo.

Durante años compartió ese proyecto de vida con su esposo, Carlos Julio Tautiva Cruz, un líder campesino reconocido en la región por su compromiso con la comunidad y por su defensa de los derechos de quienes viven del campo.

En Sumapaz muchos lo conocían como “Yuyo”.

Clara lo recuerda como un hombre “honesto, amoroso y muy trabajador”, alguien que creía profundamente en la vida campesina y en la organización de la comunidad.

La finca era el centro de ese proyecto familiar. Allí sembraban, criaban animales y construían un hogar donde el trabajo del campo hacía parte de la vida cotidiana.

Pero en abril de 2023 la violencia volvió a irrumpir en la tranquilidad de la vereda.

Hombres armados ingresaron a la vivienda de la familia y asesinaron a Carlos Julio Tautiva Cruz, un hecho que conmocionó profundamente a la comunidad campesina de Sumapaz y que volvió a poner en evidencia los riesgos que enfrentan muchos líderes sociales en Colombia.

Para Clara y sus hijos, la pérdida fue devastadora.

Sin embargo, en medio del dolor, la familia decidió permanecer en la finca que durante años construyeron juntos.

Hoy, Clara y su hijo menor, Carlos, continúan trabajando la tierra.

Revisan los cultivos de papa, cuidan el ganado, alimentan a los cerdos y atienden a las gallinas que recorren el patio de la casa. Cada jornada en el campo es también una forma de sostener la historia que comenzó mucho antes de que la violencia golpeara a su familia.

“Mi papá siempre luchó por el campo y por la comunidad”, cuenta su hijo Carlos mientras trabaja en la finca. “Nosotros seguimos aquí porque esta tierra también representa lo que él defendió”.

Pero permanecer en el territorio no ha sido fácil.

Después del asesinato del líder campesino, la familia ha recibido amenazas para que abandone la finca. Por esta razón, actualmente cuenta con medidas de protección del Estado mientras continúa trabajando la tierra que ha sido el sustento de su vida.

Aun así, Clara insiste en quedarse.

Cada día recorre la finca, cuida los animales y mantiene los cultivos que representan el futuro de su familia.

En este proceso, el acompañamiento institucional para la formalización del predio se convierte en una herramienta clave para fortalecer el arraigo campesino y garantizar que las familias puedan permanecer en la tierra que han trabajado durante años.

Desde la Agencia Nacional de Tierras señalan que estos procesos buscan brindar seguridad jurídica a las familias rurales y consolidar proyectos de vida en el campo.

“La formalización de la propiedad rural permite que las familias campesinas tengan estabilidad y puedan seguir desarrollando sus proyectos productivos en el territorio”, explica Jesús Bayro Muñoz, coordinador de la Unidad de Gestión Territorial (UGT) Cundinamarca. “En lugares como Sumapaz, esto también fortalece el tejido social y la permanencia en el campo”.

Para Clara, sin embargo, la finca significa mucho más que un proceso institucional. Allí están los recuerdos de su familia, el trabajo de toda una vida y la memoria de un hombre que dedicó su vida a defender el campo, desde la música, la cultura y el compromiso con las y los campesinos.

Por eso cada mañana vuelve a recorrer los cultivos de papa, alimentar a los animales y cuidar la tierra que durante años trabajó junto a su esposo.

Entre el viento frío del páramo, los surcos verdes que recorren la montaña y el sonido de los animales en la finca, Clara sigue sembrando.

Sembrando alimento para su familia.

Sembrando futuro para sus hijos.

Y sembrando también la memoria de un líder campesino que creyó profundamente en la dignidad de la tierra.

En las montañas de Sumapaz, donde muchas historias han estado marcadas por la violencia, la vida de Clara Vergara demuestra que el campo también es un territorio de resistencia, memoria y esperanza.

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